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ENTREVISTA

General Jorge Carrillo Olea, Fundador del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN)

“El éxito de la inteligencia al servicio de la seguridad nacional depende de la confianza del presidente del país”

07/05/2019 - Por Javier Borredá.
Militar y político, Jorge Carrillo Olea ha tenido una vida profesional multifacética. Y se enorgullece de haber contribuido a la fundación de instituciones como el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), si bien, bajo su punto de vista, “en México existe una gran ignorancia y menosprecio por la inteligencia, un instrumento de carácter formal para el desarrollo político, social y económico de la nación”, observa.

-Antes de la fundación del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) en 1989, ¿cómo se había estructurado la inteligencia en México?

Muy mal. Existía una gran confusión sobre lo que era la seguridad del Estado y la seguridad del Gobierno. Por dicho motivo, el presidente Miguel de la Madrid decidió cancelar lo existente hasta la fecha y propiciar la creación de una serie de instituciones que actualizasen las concepciones de seguridad en un país desarrollado como México.

Antes del CISEN, el término inteligencia ni siquiera estaba en el argot de quienes se dedicaban a la seguridad. Allá por los años 20 del siglo pasado se creó el Departamento Confidencial, que, con el transcurrir del tiempo, acabaría teniendo diferentes denominaciones: Oficina de Información Política, Departamento de Investigación Política y Social, Dirección Federal de Seguridad (DFS), Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS) y Dirección General de Investigación y Seguridad Nacional (DGISN). En el caso de la DFS, muchos sostienen que fue una institución auspiciada por EEUU en los tiempos de la Guerra Fría.

-¿Qué supuso para usted que el presidente Carlos Salinas de Gortari le otorgara su confianza para dirigir el CISEN?

Una gran responsabilidad. Me involucré en un proyecto de maduración muy lenta que proporcionaba una gran satisfacción al ver cómo se iba materializando y consolidando gracias a personas virtuosas. Pero en aquellos inicios también tuvimos que hacer frente a muchas enemistades, mucha falta de simpatía y de comprensión.

-En su libro Torpezas de la inteligencia usted recuerda que la idea original era que el CISEN fuese un órgano independiente. Sin embargo, terminó siendo controlado por la Secretaría de Gobernación. ¿Por qué?

Aquello tuvo una raíz personal. El político Fernando Gutiérrez Barrios, que fue designado secretario de Gobernación por el presidente Salinas de Gortari, había tenido bastante poder en la DFS y la creación del CISEN fue un duro golpe para él, ya que el centro tenía una visión totalmente distinta a la suya que jamás llegó a entender. Gutiérrez Barrios nunca simpatizó con lo que estábamos haciendo. Por lo que a mí respecta, alguien me dijo que él estaba molesto porque yo andaba bailando con su antigua novia.

-Usted fue director del CISEN en 1989 y 1990. En tan breve periodo de tiempo, ¿qué cambios se produjeron en materia de inteligencia en México?

La primera iniciativa fue la definición verdadera, auténtica y concreta, convertida en programas de trabajo, de lo que debiera ser una gran inteligencia del Estado y no un órgano de espionaje, como algunos se refieren a ella. Aquella era una tarea difícil, había que materializarla…

Pero se dio una circunstancia muy favorable. Quienes habían pertenecido a las instituciones anteriores al CISEN mostraron un gran apego al nuevo centro. Y a ellos se sumaron personas jóvenes procedentes de la Administración o la universidad que tenían un espíritu de trabajo y una visión de las cosas totalmente distinta. Aquello ayudó y aportó mucho. Pero a Gutiérrez Barrios le molestó mucho. Nunca entendió que esos perfiles profesionales que incorporamos al CISEN sirvieran para las labores de inteligencia.

En sus inicios, la plantilla del CISEN no superaba las 50 personas. Al principio no quise tener más recursos hasta que no estuvieran definidas todas las competencias. Cuando dejé el centro habría unas 800 o 900 personas. Y me ocupé mucho de que en las oficinas centrales hubiese profesionales muy preparados. Lamentablemente, y creo que es un problema que subsiste, no puede decirse lo mismo de los delegados estatales y sus colaboradores.

-¿Cómo era la figura del analista en aquellos tiempos?

Tenía un perfil universitario. Hablamos de individuos de 30 años con entusiasmo, entrega, curiosidad por saber más. En cuanto a la admisión del personal, había una gran severidad. Nadie se incorporaba al CISEN sin haber superado los filtros. Hoy en día, eso no es así. El centro ha acabado convirtiéndose en un nido de amistades e intereses. Y, sin duda, eso ha deteriorado la calidad del trabajo.

-En los orígenes del CISEN, ¿cómo fue la relación con el presidente Carlos Salinas de Gortari?

Teníamos que demostrarle que aquello que él había heredado y asumido como su hijo potencial servía para algo. Al presidente le facilitábamos información rutinaria, pequeños mensajes, y no recortes de periódico, que era una vieja costumbre heredada de los tiempos de la DFS que yo traté de erradicar. La visión del CISEN era la de saber qué estaba pasando y qué iba a pasar en las próximas semanas o meses. Poco a poco, pudimos acreditar que el centro servía para alertar al presidente de lo que sucedía o podía suceder.

-¿Cómo ha cambiado la inteligencia en estos últimos 30 años?

En el libro Torpezas de la inteligencia explico qué ha pasado en términos de descripción. En términos de valoración ha habido altibajos, porque en algunos momentos el CISEN cayó en manos de personas que no tenían experiencia ni interés. Algunas aportaron su conocimiento y experiencia y otras hicieron un esfuerzo por tecnificar el centro. Hubo de todo.

-Bajo su punto de vista, ¿de qué depende el éxito en las labores de inteligencia?

Lo digo con gran firmeza: contundentemente, de la comprensión del presidente de la nación, de su confianza. Si no existe el convencimiento de que el presidente y su equipo íntimo de colaboradores valoran que la información que se les entrega es confiable y que sirve para algo, un centro de inteligencia no avanza. Se estancará en meses y años de improductividad.

-¿Qué opinión le merece que los departamentos de Seguridad Corporativa de las empresas, sobre todo de las que operan en varios países, se sirvan cada vez más de la inteligencia para garantizar la continuidad del negocio y brindar protección a sus empleados desplazados?

Contesto con gusto a esta pregunta porque es un bien para mi país. Las instituciones empresariales transnacionales de alto nivel han traído consigo a México un instrumento de trabajo que para ellas es normal. Es normal en Berlín, Londres, Madrid o Nueva York. Me refiero a la seguridad y su inevitable congénere que es la inteligencia. Eso lo han transmitido a los corporativos locales. Actualmente, las grandes instituciones mexicanas tienen un trabajo muy avanzado en seguridad e inteligencia, hasta tal punto que, en muchos casos, van por delante del Gobierno.

-El CISEN ha sido reemplazado por el nuevo Centro Nacional de Inteligencia (CNI). ¿Cuál es su valoración?

No puedo opinar porque no sé de qué se trata. ¿Dicen que ya desapareció el CISEN? No ha desaparecido nada. Se le ha sustituido por el CNI pero nadie tiene claro por qué ni con qué ideas o programas. Hay una indefinición muy grande y creo que no saben hacia dónde van. El hecho de que se haya cambiado un nombre por otro es insignificante.

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