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ARTÍCULO TÉCNICO

Ataques con explosivos a cajeros automáticos. ¿Cuál es el coste real?

05/01/2018 - Por Raúl Morales y José Antonio Lozano (Área Corporativa de Seguridad del Grupo Santander).
Sin duda, los ataques mediante explosivos a cajeros automáticos, ya sea utilizando mezcla de gases o mediante explosivos sólidos, se han posicionado como una de las más serias amenazas globales a las que se enfrentan los bancos actualmente y suponen una preocupación constante por el riesgo que puede conllevar para las personas.

Los grupos criminales organizados están constantemente innovando y modificando sus modus operandi, demostrando un gran ingenio, una planificación detallada y una capacidad de adaptación a las distintas iniciativas y soluciones que van desplegando las entidades financieras para prevenir los ataques.

Las últimas tendencias muestran un rápido movimiento con ataques en países cercanos al origen de estos grupos, así como la migración de los modus operandi entre las organizaciones a nivel global. El aumento del uso de explosivos sólidos en países que, principalmente, sufrían ataques de gas (probablemente, como resultado de la eficacia de las soluciones de “supresión de gas” en cajas fuertes y sistemas de entintado o quemado parcial de billetes) combinado con la utilización de tecnología (como dispositivos de bloqueo de teléfonos celulares durante el ataque) son también líneas de actuación al alza que se han observado en los últimos meses.

A estos grupos organizados hay que añadir la aparición de un nuevo colectivo de delincuentes imitadores que, careciendo de la preparación y organización necesarias, usando materiales explosivos incorrectos, sin herramientas adecuadas y colocando la carga en lugares erróneos del cajero automático (ATM, por sus siglas en inglés), producen tremendos daños colaterales, representando una mayor amenaza para oficinas bancarias, edificios e inmuebles y, por supuesto, la vida de las personas.

Impactos adicionales

Pero, ¿cuál es el coste real de este tipo de ataques? El impacto comercial de los robos con explosivos en cajeros automáticos es mucho mayor que la simple pérdida del efectivo existente en la caja fuerte del dispositivo. Al enorme impacto en las operaciones de negocios de un banco hay que añadir otros adicionales como:

  • Daños a la reputación e imagen de la entidad, que, en muchas ocasiones, pueden derivar en la pérdida de confianza de accionistas, socios y clientes.
  • Pérdida en el servicio al cliente y, por lo tanto, descenso de los beneficios en las operaciones habituales. Un ataque por explosivos puede dejar inoperativo el punto de servicio del cajero hasta tres meses dependiendo de las reparaciones necesarias en la máquina o de la capacidad de la entidad para reponer el equipo (en caso de ser un siniestro total), reconstruir los daños en la oficina (vestíbulo, fachada, ventanas, etc.), obtener de nuevo los permisos necesarios y tener el peritaje del seguro en el supuesto de que se disponga del mismo.
  • Coste de reparaciones y reinstalaciones. Sobre todo, en el caso de imitadores los daños que se producen en la oficina son enormes, lo que provoca un altísimo coste de reparación del cajero (en el supuesto de que sea factible) y de reconstrucción de la oficina o punto de servicio.
  • Reclamaciones de terceros. Suponen costes de responsabilidad civil y legal, posibles sanciones de las diferentes entidades públicas y reclamaciones de seguros de personas afectadas o por los daños colaterales producidos.
  • Coste de adquisición de nuevos equipos y materiales (incluido nuevo ATM). A los gastos de las reparaciones, reinstalaciones y las posibles sanciones o reclamaciones hay que añadir el coste de adquisición de un nuevo ATM y de todo el material necesario para reponer o reformar la oficina (obra, mobiliario, cableado, etc.).
  • Coste de implantación de nuevas medidas de seguridad y de posibles reubicaciones de la oficina si fuera necesario. Como punto final y de gran importancia, la consecución de un ataque o fraude, ya sea por explosivos o por otros modus operandi, hace replantearse todos los sistemas de seguridad existentes tanto para el punto afectado como para toda la red. La búsqueda de nuevas contramedidas, su implantación y el tiempo que conlleva realizar nuevos análisis de riesgos para todos los lugares son costes y horas que añadir a lo ya comentado. Por otro lado, la acumulación de ataques en un mismo lugar podría derivar en la decisión de las áreas de negocio de reubicar la oficina o punto de servicio en otro lugar con las consiguientes consecuencias.

Es sumamente difícil precisar los costes tangibles producidos por un fraude de esta naturaleza. Confrontando datos de diferentes fuentes se podría estimar una cifra media de 77.000 dólares por cada ataque a un ATM. Sin embargo, como hemos visto, los riesgos no financieros son tan relevantes para la entidad como los costes derivados del robo y siempre mucho más complicados de medir y dimensionar.

La unión hace la fuerza

Una vez que conocemos la dimensión real de los ataques por explosivos a cajeros automáticos, es preciso subrayar que los criminales son más rápidos en evolucionar sus métodos de ataque que los bancos en implementar contramedidas. Por lo tanto, el trabajo en colaboración con otros interesados parece el mejor camino para poder mitigar el problema.

Por una parte, la colaboración entre todos los actores del sector del autoservicio y una estrecha asociación estratégica entre los bancos y los vendedores podrían reducir significativamente los riesgos asociados a los ataques por explosivos en cajeros automáticos.

Por otro lado, la cooperación público-privada, en ambos sentidos, entre los bancos, la policía y la justicia sería crucial a la hora de desarticular y aprehender a estas organizaciones delictivas.

En conclusión, unir fuerzas, fomentar activamente la cooperación, la formación y el intercambio de inteligencia con las diferentes agencias policiales, debatir con la industria del ATM la evolución de las contramedidas y, por supuesto, compartir y alertar sobre nuevas tendencias en fraude y localizaciones objeto del mismo puede ser la única forma de minimizar los costes reales de un ataque por explosivos a un ATM.

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