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OPINIÓN

José Luis Pérez, Gerente de Seguridad del Banco Central de Chile

Seguridad física de bóvedas

El almacenamiento y la custodia de valores siempre han sido objeto de gran preocupación para quienes tienen la responsabilidad de su protección. Por ello, se han ido perfeccionando cada vez más los estándares de resguardo, tanto aquellos que se realizan a través de barreras humanas como los de orden tecnológico y estructural.

Los métodos de defensa de los valores en custodia se van optimizando de forma proporcional a las técnicas utilizadas por quienes buscan vulnerarlos. Los primeros espacios para almacenar dinero, objetos de valor, registros u otro tipo de documentos fueron concebidos adecuando las construcciones, a las que se les reforzaba el techo. En otras palabras, se abovedaba el recinto, de ahí el nombre actual de bóvedas. Luego se incrementó la seguridad de este tipo de instalaciones incorporando las llamadas “barreras humanas”, integradas por personal capacitado en técnicas de seguridad y autorizado para usar armamento.

Técnicas de protección

En un pasado no muy lejano, las técnicas de protección estaban basadas en el principio de que cuanto más ancho era un muro de concreto de una bóveda, más protegida estaba la misma contra eventuales vulneraciones. Este supuesto ha ido perdiendo valor debido a los avances asociados a las técnicas de construcción y las propiedades de los materiales para hacer muros cada vez más resistentes. Todo ello, con una reducción de su espesor.

Pero a la luz del análisis de los potenciales delitos de intrusión en bóvedas, ha ido quedando en evidencia que todos los refuerzos adicionales de orden humano y tecnológico no son suficientes si no cuentan con la sólida estructura de la instalación, que es parte integral de los edificios (bóvedas) en los que se custodian valores. Al respecto, es necesario precisar que la tecnología por sí sola no detiene a nadie, pero el diseño y la seguridad de la infraestructura puede ser un disuasivo muy eficaz para evitar la vulneración.

La protección de las instalaciones contra los delitos es para los usuarios o clientes de las instituciones que resguardan sus valores un factor fundamental a considerar, porque está en directa relación con la necesaria confianza de que los mismos están bien resguardados.

Las bóvedas son áreas blindadas con puertas dotadas de sistemas especiales de cerraduras y distintos sistemas de seguridad. Otras son de gran volumen y en la génesis de su construcción se pensó en que fueran capaces de soportar explosiones de gran magnitud.

Pero también hay entidades que manejan valores y tienden a habilitar y dar el estatus de “bóvedas” a recintos previamente construidos para otros fines y que, en ocasiones, son “reforzados” con modificaciones desde el punto de vista perimetral pero que no cumplen con los estándares conocidos.

Por otra parte, adoptar alguna especificación técnica de una norma constructiva con un nivel adecuado de seguridad en función de los montos que custodian podría implicar la reducción del espacio útil de operatividad.

Ante esta realidad, los responsables de la seguridad de las entidades financieras se ven obligados a adoptar sistemas complementarios de seguridad lógica mediante sistemas electrónicos que son un apoyo al sistema de resguardo, pero no reemplazan bajo ningún punto de vista a la seguridad física que conforma la infraestructura y a los recursos humanos con sus protocolos correspondientes.

En la actualidad es común encontrar entidades que adoptan, ya sea en forma parcial, o simplemente no adoptan un nivel de seguridad estructuralmente resistente que haya sido probado, ensayado y validado ante acciones de perforación y/o penetración con elementos mecánicos y automáticos. Y tampoco se determinan los tiempos de retardo ante una intrusión que posibiliten, a través de la resistencia mecánica de cada muro, garantizar una holgura suficiente de tiempo que permita reacciones a través de alertas y protocolos efectivos para detener y coartar el intento de intrusión.

No es poco habitual encontrar siniestros que afectan a entidades que custodian valores provocados por una intrusión a sus bóvedas en fines de semana o cuando, por acumulación de días festivos, la entidad está cerrada por un tiempo prolongado. Con incidentes así, queda de manifiesto que estas estructuras no están diseñadas para soportar este tipo de ataques y son vulneradas, concretándose de manera efectiva el delito de robo en su interior y lográndose en ocasiones sustraer un elevado monto.

Adecuación de la normativa

Si bien actualmente existen normas internacionales que definen diferentes tipos de especificaciones técnicas para la construcción de bóvedas, las mismas no están acordes, en términos de eficiencia, con el uso de las nuevas tecnologías y las propiedades de los materiales disponibles hoy en día y que han generado avances importantes en materia de retardo de deformaciones y penetraciones de muros.

Actualmente es posible obtener resistencias por encima de las recomendadas en normas que abordan estas materias, lo que permitiría tener un mayor nivel de aguante con espesores menores a los recomendados en cada una de las caras. No obstante, es importante que los encargados de regular la seguridad privada, junto a las organizaciones interesadas, trabajen para definir, mediante ensayos, una norma actualizada y optimizada que cumpla con las necesidades y se adecúe a un estándar probado y validado que posibilite ponerla a disposición de las entidades que custodian valores en bóvedas.

En lo referente a la construcción de infraestructuras de resguardo de valores, aún existen brechas normativas que impiden lograr un óptimo estándar de seguridad. Además, hay una imperiosa necesidad de que los entes responsables de disponer de recursos para acometer este tipo de proyectos conozcan y asuman que invertir en los mismos es parte determinante de la seguridad como un todo. Más que representar un gasto, supone una inversión y una tranquilidad para la institución que resguarda unos valores que, mayoritariamente, son propiedad de terceros.

En resumen, es prioritario adecuar las normas existentes en el rubro para que permitan tener una base sólida, actualizada, precisa y eficiente sobre la cual se pueda concebir el diseño, la especificación y la construcción de este tipo de estructuras, de tal manera que su primer objetivo sea disuadir a quien pretenda vulnerarlas para acceder a los valores resguardados.

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