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OPINIÓN

José Manuel González, Gerente de Seguridad de Grupo Aeroportuario del Pacífico

Hacia un nuevo concepto de seguridad aeroportuaria

La rutina hace que permanezcamos en una ficticia zona de confort donde los hábitos y automatismos penalizan la innovación y la necesaria adaptación al transcurso del tiempo y del entorno. Autor: José Manuel González, gerente de Seguridad del Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP).

Fue el filósofo y escritor español Miguel de Unamuno quien acuñó la frase “el progreso consiste en renovarse”, que posteriormente se popularizó en forma de refrán como “renovarse o morir”.

Con regularidad, la gestión y necesidad del cambio en los procesos de seguridad se vinculan exclusivamente a la variable del nivel de riesgo y, habitualmente, en función del análisis sobre hechos o circunstancias pretéritas que generan acciones reactivas o correctivas y que, necesariamente, desembocan en planes de seguridad poco predictivos en sus coberturas y nada proactivos en sus alcances.

Inspección de pasajeros

A esta limitación en la eficacia de coberturas y alcances debe añadirse otro factor concluyente. Y es que, en la indispensable labor de confección de estrategias, uno de los factores determinantes es la búsqueda de aliados y, entre ellos, el más determinante, el que cuenta con mayor capacidad de aportar éxito en esta empresa es, sin lugar a dudas, el pasajero, el usuario del aeropuerto. El establecimiento de procesos de seguridad implementados a espaldas del pasajero y que, de manera habitual, este interpreta en su contra, por falta de información, de comunicación, nos priva del vínculo social y genera una falta de integración y de respaldo que debería ser considerada imprescindible.

La incertidumbre ocasionada por tiempos de espera indeterminados e imprevisibles, su afectación a la planificación de la vida laboral y privada, la falta de estandarización en los procesos de inspección y la innegable invasión a la privacidad son, entre otras causas, el motivo por los que la percepción sobre la inspección de pasajeros en los aeropuertos es considerada más un perjuicio que un servicio encaminado a salvaguardar la vida y la integridad de los usuarios de la aviación civil.

La percepción es un aspecto fundamental en la seguridad. No sólo importa lo que hacemos, sino cómo lo presentamos, cómo es percibido tanto por aquellos a los que se protege como por aquellos frente a los que se establecen las medidas de protección. Cuando somos capaces de transmitir determinadas sensaciones, somos capaces de generar disuasión en unos y afinidad y vínculo en otros. Esas imágenes no pueden ser difusas, reiterativas o erráticas. Deben ser claras en su contenido, precisas en su destino y necesariamente innovadoras. La imagen que proyecte la seguridad, si se pretende que sea eficaz, tiene que estar sujeta a la permanente reinvención.

Complejidad

En este sentido, entiendo recomendable, si no imprescindible, revisar la imagen que proyecta el proceso de revisión y, además, tratar de hacerlo, en un ejercicio de abstracción y empatía, desde fuera, desde la perspectiva del pasajero. Si nos colocamos en el lugar de un pasajero joven, de un millennial, este ha conocido el actual sistema de revisión prácticamente durante toda su vida sin variaciones significativas: formarse, esperar para acceder al punto de inspección, colocar tus pertenencias en bandejas de una manera determinada, evitar la portación de determinados artículos, extraer del equipaje los que deben ser revisados aparte, atravesar un dispositivo para la inspección de personas, que el equipaje de mano sea inspeccionado por un equipo…

Pero los pasajeros de mayor edad recordarán que estas medidas, aunque se incrementaron y generalizaron a partir del atentado perpetrado por la organización terrorista Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York y otros objetivos de EEUU, ya existían con anterioridad.

Como ejemplo para este ejercicio, consideremos los equipos utilizados para la inspección de equipaje de mano. Philips Government Systems desarrolló el Saferay, primer sistema de rayos X de baja intensidad, entre 1968 y 1970. Además de en aeropuertos, se usó en eventos como la Convención del Partido Demócrata celebrada en EEUU en el año 1970.

Obviamente, las diferencias tecnológicas entre los primigenios equipos de inspección y los actuales son muy notables. Hoy hablamos de equipos que integran tres o cuatro generadores e incluso de la introducción de equipos de tomografía computarizada en los puntos de inspección, lo que permite un grado de resolución e interpretación de imágenes realmente completo. Pero, volviendo a la percepción, a la imagen que proyectamos a nuestros pasajeros, ¿qué ha cambiado durante todos estos años? La apariencia es la misma, el proceso es el mismo y sí, la capacidad de detección de amenazas ha mejorado, pero también se ha incrementado la complejidad de la misma.

Nuevo concepto

El cambio debe ir más allá de la evolución tecnológica de los equipos empleados. El cambio necesario, la transformación, pasa de manera obligatoria por una modificación de concepto, de método: frente a la revisión indiscriminada de todos, debemos encaminarnos hacia la revisión específica de quién debe ser revisado.

Es claro que esta evolución no puede llevarse a cabo de un día para otro. Requiere de la participación, de la implicación activa de todas y cada una de las partes con responsabilidades en materia de seguridad de la aviación: organismos internacionales, autoridades nacionales de aviación civil, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, servicios de inteligencia, operadores aeroportuarios, aerolíneas, empresas de seguridad especializadas, fabricantes e instaladores de equipos…

Son varias las iniciativas en marcha con proyectos serios, prácticos, bien estructurados y encaminados a la internacionalización de las soluciones, como GASeP, SeMS o APEX, que lideran organismos internacionales como la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) y el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI, por sus siglas en inglés).

Pero, con todo, debemos ser exigentes en sus alcances, ambiciosos en el logro de la estandarización de la eficacia, pero también en la innovación y la renovación constante. En la imprevisibilidad de las medidas de seguridad y su evolución. En la exigencia constante a fabricantes de equipos en la búsqueda de soluciones diferentes. En la apertura a la incorporación de mejores prácticas en la detección de amenazas, en nuevas metodologías, en el desarrollo de capacidades y habilidades en los profesionales del sector. Y, reitero lo ya mencionado, en estrategias de comunicación y mentalización que integren a todos –autoridades, trabajadores, usuarios…– en un proyecto común con todos y en beneficio de todos.

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