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OPINIÓN

Fernando Torres, Head of Business Development en everis Aeroespacial, Defensa y Seguridad

Sistemas antidrones: ventajas de su utilización en infraestructuras críticas

En los últimos años venimos observando cómo se ha desarrollado el mercado de los drones, también denominados UAV (Unmanned Aerial Vehicle) o RPAS (Remotely Piloted Aircraft Systems). Autor: Fernando Torres, Head of Business Development en everis Aeroespacial, Defensa y Seguridad.

Existe un número cada vez mayor de usos, desde los propios del mundo militar hasta la grabación de imágenes, la inspección de infraestructuras, la entrega de paquetería o las actividades recreativas.

Fruto de este desarrollo, cada vez más drones conviven en nuestros cielos y algunos de ellos pueden suponer una amenaza, bien por una utilización imprudente, bien por un uso intencionadamente dañino. Esta situación conlleva una serie de riesgos que constituyen un reto cada vez mayor para los gestores de seguridad, especialmente en entornos tan sensibles como una infraestructura crítica.

Convendría diferenciar cada de uno de los términos que se usan para referirse a este tipo de tecnología porque, aunque pueden parecer lo mismo, en realidad existen diferencias:

  • Dron (drone). Etimológicamente proviene del inglés “zángano”. Es el término más popular aplicado a una aeronave no tripulada.
  • UA (Unmanned Aircraft). Aeronave no tripulada.
  • UAV (Unmanned Aerial Vehicle). Vehículo aéreo no tripulado.
  • UAS (Unmanned Aircraft Systems). Sistema aéreo completo no tripulado, es decir, incluyendo piloto, estación de tierra y comunicaciones.
  • RPA (Remotely Piloted Aircraft). Aeronave tripulada remotamente. Podríamos decir que se trata de un subgrupo dentro de los UAV.
  • RPAS (Remotely Piloted Aircraft Systems). Sistema de aeronaves pilotado de manera remota.

Las ventas de vehículos no tripulados se sitúan ya en más de 3.000 millones de unidades. De manera paralela a este incremento en las ventas, también ha crecido el número de aplicaciones debido, en gran medida, al desarrollo tecnológico del sector. Algunas de estas nuevas aplicaciones son cartografía, prospección, extinción de incendios, apoyo en labores de salvamento y rescate, seguridad en fronteras y, por supuesto, infraestructuras críticas.

Uso malicioso

Sin embargo, durante los últimos meses hemos presenciado cómo el uso malicioso de este tipo de aeronaves ha crecido exponencialmente, provocando situaciones de riesgo cada vez con mayor frecuencia.

El caso mediático más reciente e importante ha sido el cierre del aeropuerto británico de Gatwick, en Londres (Reino Unido), los días 20 y 21 de diciembre de 2018, con la consecuencia directa de la cancelación o desvío de más de 1.000 vuelos y alrededor de 140.000 pasajeros afectados. Además, con posterioridad a este incidente, también se han paralizado las operaciones debido a la presencia de drones en aeropuertos como el de Londres-Heathrow, Nueva Jersey Newark (EEUU), Dubái y Fráncfort (Alemania), entre otros. Poco antes, en 2017 se registró el primer accidente entre un dron y un avión comercial de la compañía SkyJet en el aeropuerto Jean Lesage en Quebec (Canadá).

En el caso de las infraestructuras críticas es conocido el incidente provocado cuando un dron de Greenpeace sobrevoló la central nuclear de Bugey (Francia) y se estrelló contra un edificio de la planta.

Sistemas antidrones

Estos son sólo unos pocos ejemplos, probablemente los más mediáticos, de las consecuencias que acarrea el uso de drones dentro de zonas tan sensibles como aeropuertos u otras infraestructuras críticas. Sin embargo, se producen situaciones similares a diario en otro tipo de instalaciones que pueden poner en peligro el correcto funcionamiento de las mismas y tener consecuencias nefastas.

Debido a la falta de regulación por parte de la Organización Internacional de Aviación Civil (OACI) y, además, a la necesidad creciente de seguridad de muchas infraestructuras críticas, son cada vez más necesarios los sistemas que sean capaces de detectar, identificar y neutralizar un dron: los denominados sistemas antidrones.

Utilizar estos sistemas disminuye de forma significativa los riesgos que suponen el uso malicioso o indebido de los drones en ubicaciones tan sensibles como un aeropuerto, una central nuclear, una estación eléctrica o una planta de tratamiento de agua.

Para que un sistema antidrones sea realmente efectivo debe ofrecer una cobertura total frente a intrusiones, incluyendo la detección temprana, la identificación fiable para descartar falsas alarmas y la neutralización efectiva para acabar con la amenaza.

Existen diferentes tecnologías que se integran en los sistemas antidrones que pueden clasificarse según se utilicen para la detección, la identificación o la neutralización:

Detección:

  • Sensores radar de dos y tres dimensiones.
  • Sensores acústicos.
  • Sensores térmicos.
  • Sensores ópticos.
  • Sensores de radiofrecuencia.

Identificación:

  • Análisis de comportamiento.
  • Análisis de imágenes.
  • Análisis de radiofrecuencia detectado.

Neutralización:

  • Electromagnética.
  • Física.

A la hora de clasificar los drones podemos encontrar multicópteros y sistemas de ala fija, que tienen dinámicas de vuelo completamente diferentes. También drones pilotados remotamente, con comunicación y vídeo en tiempo real con la estación de control, o completamente autónomos, con autopilotos basados en GPS (o un sistema de posicionamiento por satélite) o en sensores inerciales.

Debido a la diversidad de tecnologías de las potenciales amenazas, la solución óptima será la que combine correctamente diferentes sensores con el fin de garantizar la detección de estos sistemas, sea cual sea su naturaleza y bajo cualquier condición meteorológica.

Por ejemplo, para la detección temprana de aquellos drones sin huella electromagnética es imprescindible la utilización de un sensor radar. Si hablamos de entornos aeroportuarios, este sensor debe ser capaz de proporcionar la altitud del dron para minimizar las falsas alarmas de objetos en movimiento en tierra (conseguido con radar 3D).

Si hablamos de la identificación, es importante que tanto la electrónica de los sensores como su integración con la solución de mando y control sean capaces de utilizar técnicas avanzadas para distinguir la amenaza y poder diferenciar los drones amigos de los considerados enemigos o los no identificados.

Neutralización

En cuanto a la neutralización, la mayoría de sistemas antidrones de uso en ámbito civil emplea técnicas de jamming o spoofing, en las que se suele inutilizar una o varias bandas de frecuencia para deshabilitar el enlace entre piloto y dron, evitar la difusión de imágenes (jamming) o modificar la señal GPS para ir variando la posición (spoofing). No obstante, los drones, comerciales o no, están cada vez mejor preparados para evitar el spoofing.

En este punto es importante hacer notar que el soft kill (las técnicas de neutralización comentadas anteriormente) no siempre es posible, tanto por la tecnología utilizada por el dron como por el emplazamiento del dispositivo antidrón y las posibles perturbaciones en sistemas críticos del entorno. En estas situaciones sólo es posible la neutralización física (hard kill), cada vez más habitual en sistemas antidrones de ámbito militar.

Por lo tanto, para poder implantar una solución antidrones con éxito es fundamental estudiar tanto los potenciales escenarios de amenazas como el entorno operativo en el cual se quiere desplegar la solución de cara a elegir el conjunto de sensores más adecuados y su ubicación idónea. Además, es importante realizar un estudio para integrar el sistema en los protocolos de seguridad de la instalación y adaptar los mismos a las nuevas amenazas, así como conocer la normativa que se aplica tanto de vuelo de drones como de uso del espacio radioeléctrico.

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