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OPINIÓN

Rafael Antonio Padilla, Fundador de la Asociación de Aeronaves Remotamente Tripuladas de Colombia

Labores de seguridad con drones en entornos aeroportuarios

Hoy en día, la situación más temida en el mundo aeronáutico es la posibilidad de colisión entre un sistema aéreo tripulado por control remoto (RPAS, por sus siglas en inglés) y una aeronave tripulada. Por ello, los esfuerzos primarios han sido orientados a mantener los RPAS lejos de los aeropuertos y, tal vez, el que más atención ha logrado es el uso de águilas que cazan todo aparato que entre en sus dominios. Además, existen otros desarrollos como freír la electrónica del RPAS con un haz de energía concentrado, inhibir e interceptar las comunicaciones, etc.

En la otra cara de la moneda, hay RPAS operando en los aeropuertos más importantes. El trabajo que tienen encomendado es realizar las inspecciones entre vuelos, obligatorias entre cada aterrizaje y despegue de una aeronave. Gracias a las capacidades de automatización actuales, es posible realizar un recorrido sobre el fuselaje, las alas o el timón de dirección y complementar las inspecciones visuales que se llevan a cabo en tierra por expertos. Así se puede inspeccionar por completo la piel de la aeronave y, además, conservar un registro gráfico para hacer luego un seguimiento de los trabajos de mantenimiento y otras acciones.

En cuanto a las aplicaciones principales de los RPAS en entornos aeroportuarios, podemos citar las siguientes:

Estudios de seguridad del entorno. Esta es una necesidad básica en todo aeropuerto, sobre todo en los que se encuentran en áreas urbanas o semiurbanas. El fin es identificar amenazas al tráfico aéreo. Por ejemplo, el establecimiento de microindustrias que utilicen combustibles, sitios de almacenamiento de productos peligrosos, instalaciones eléctricas ilegales, etc. Y, por supuesto, alertar contra acciones terroristas, que han encontrado en la aviación uno de sus principales objetivos.En todos los casos, se trata de situaciones que cambian muy rápidamente en el tiempo y deben monitorizarse de forma recurrente para detectar modificaciones. En este sentido, un RPAS puede programar un vuelo, ejecutarlo con un bajo nivel de ruido incluso por la noche y tomar imágenes que permitan verificar si se ha producido algún cambio y si el mismo representa alguna anomalía.

Protección perimetral. Sin duda, esta es la más relevante. Las pistas comerciales superan fácilmente los 1.500 metros de longitud y pueden llegar hasta los 3.600 en los aeropuertos internacionales. En su entorno generalmente hay cercas, vías de servicio, cámaras, sensores… Los RPAS pueden asumir su inspección y, por supuesto, convertirse en una herramienta de gran utilidad para detectar posibles intrusiones. Incluso con RPAS sencillos como un Phantom de DJI es posible realizar una inspección de las zonas más alejadas de un perímetro gracias a su alcance, superior a dos kilómetros, y contar al instante con imágenes en alta definición para la toma de decisiones.En el caso de aeropuertos regionales y relativamente apartados, los RPAS con cámaras de infrarrojos y/o térmicas son de grandísima ayuda para detectar todo tipo de vulnerabilidades como puntos ilegales de combustible, asentamientos con fines criminales, etc.

Vigilancia de zonas críticas y puntos muertos. Cuanto más grande sea una instalación aeroportuaria, más puntos sensibles tendrá: terminales de carga –en especial, zonas donde hay almacenamiento temporal al aire libre–, puntos de depósito y reparto de combustible, zonas de catering y servicios que puedan ser vulnerables al terrorismo o el narcotráfico, áreas de estacionamiento para aeronaves y vehículos de servicio, etc.

En definitiva, son muchos los sitios donde no llegan los sistemas de vídeo o la vigilancia personal. En ellos, los vuelos aleatorios de RPAS posibilitan llevar a cabo rondas –o reforzarlas– en los puntos más distantes incluso de noche o en condiciones de lluvia o niebla.

Cómo operar

En cualquiera de los casos expuestos, lo primero que se ha de tener en cuenta es una definición de términos de servicios con la autoridad competente en tráfico aéreo. Eventualmente, algunas de las máximas que se deben observar son:

  •  El ambiente en que se desarrolle una misión se ha de valorar para elegir la tecnología apropiada, de tal manera que sea segura y, a la vez, permita alcanzar el objetivo propuesto. 
  • Las características del equipo y las indicaciones del fabricante son básicas a la hora de establecer los requisitos tanto del operador como de la empresa o explotador responsable. 
  • Las características deben basarse en la regulación, al menos en las tres posibles misiones citadas. 
  • Y muy importante: las denominadas cargas pagas no tienen que crear peligro para la operación segura del RPAS, es decir, no afectar a su balance y a las condiciones de vuelo.

Una valoración con miras a implementar un servicio de esta naturaleza contempla la combinación de estos factores para la cualificación de los operadores y el certificado de quienes lo explotan. En todos los casos, estimo que serán procesos que, progresivamente, generen confianza en las autoridades aeronáuticas a medida que muestren sus bondades. Pero, ante todo, capacidad de atender a todas las normas por las que se rigen las instalaciones aeroportuarias. Por lo expuesto, conviene tomar en consideración estos supuestos generales:

Cualificación de operadores. Todo aspirante a operar una aeronave remotamente tripulada atenderá los procesos de formación de acuerdo al tipo de aeronave y operación que pretenda realizar. Ello incluye comprensión de las normas del espacio aéreo y sus alcances, integrándose de manera armónica sin generar riesgos. Las entidades educativas que opten por ofrecer estos programas de capacitación deberán prever que, además de la fase académica, los estudiantes tendrán que afrontar otra de simulador y/o una práctica de campo y actualizaciones para asimilar la evolución de la tecnología.

Certificación de RPAS. La calificación de RPAS en livianos y ligeros no requiere un certificado de aeronavegabilidad formal; además, están exentos de matrícula. Esto se aplica en casi todo el mundo para RPAS con un peso inferior a 25 kilos. Pero en función del país, es necesario adelantar un proceso de registro de la aeronave y demostrar la capacidad idónea para operarla.

Empresas de explotación comercial. La empresa explotadora ha de proporcionar todos los medios para que los operadores puedan adelantar con seguridad la operación. Será responsable de los procesos de servicio que mantengan la idoneidad del RPAS y de llevar los registros correspondientes. Asimismo, tendrá que verificar la capacidad de los operadores que contrate y mantenerla vigente a través de los cursos de actualización. Entre empresa y operador deberá mediar una relación contractual formal y escrita.La empresa proveerá los seguros destinados a cubrir los daños que se puedan ocasionar a las personas y a la propiedad en tierra de acuerdo a los límites de peso y tamaño del RPAS. La cobertura y la suma económica se ajustarán a la legislación vigente en cada país.Igualmente, la empresa estará en la obligación de mantener un registro de la adquisición del equipo –ya sea a un distribuidor local, a través de importación, etc.–, que deberá figurar como activo. Y prohibirá el uso de un RPAS de su propiedad para funciones comerciales.

Conclusiones

Son muchos los trabajos que se pueden realizar con RPAS. Actualmente, se llevan a cabo con aeronaves tripuladas y por empresas de trabajos aéreos especiales. En el caso de los aeropuertos, es preciso contar con vigilantes en puntos fijos, personal encargado de las rondas, etc. Y los RPAS son un importante apoyo para la ejecución de esas tareas al brindar un registro gráfico y responder rápidamente ante cualquier incidente.

Lo cual no quiere decir que reemplacen a los seres humanos. Pero en los aeropuertos, los RPAS están capacitados para revisar las instalaciones aportando ventajas como un efecto directo en la seguridad, bajos costes de mantenimiento, disponibilidad inmediata, etc. 

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