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OPINIÓN

José Sanz Dodero, Instructor y consultor OACI e IATA

Máxima seguridad, pero adecuada a la amenaza

El año pasado se celebraron en Madrid unas jornadas de la Unión Europea en las que se debatió sobre la situación de la seguridad aeroportuaria y se informó sobre el nuevo Registro de Nombre de Pasajeros (PNR, por siglas en inglés). Durante las mismas, se insistió en la necesidad de añadir a las medidas de seguridad físicas otras más efectivas contra el salvaje terrorismo que nos está atacando en los últimos tiempos y que contemplen una mejor coordinación y cooperación entre las fuerzas policiales y los diferentes países.

De todo lo que allí se habló, hubo dos cuestiones muy importantes para el mundo de la aviación civil. Por un lado, el terrorismo internacional es un fenómeno global que requiere una mayor coordinación y cooperación a nivel europeo e internacional de las fuerzas y cuerpos de seguridad de los diferentes estados y los servicios de inteligencia, con una especial atención al intercambio de información.

Y por otro, entre las medidas concretas para mejorar la seguridad europea destaca la aprobación de la directiva sobre el PNR, que va a permitir el rastreo de los viajes aéreos con fines terroristas dentro y fuera de la UE, así como la financiación de esos traslados. En cuanto a la seguridad de los aeropuertos, los expertos piden una reflexión sobre la eficacia de las medidas físicas de seguridad a los pasajeros. Y se plantea la necesidad de extender el intercambio de información a otros medios de transporte de larga distancia como el tren o las líneas de autobuses.

Ha pasado casi un año desde aquella reunión y, salvo que no se nos haya contado, los avances en los temas de coordinación e implantación del PNR no se ven, sino que se sigue apostando por las medidas físicas.

Ataques suicidas

Los acontecimientos de los últimos meses (Londres, Berlín, París, etc.), en una época en la que cada día nos levantamos con un nuevo golpe de terror, confirman la forma salvaje de actuar de los terroristas, ya que, mayoritariamente, los ataques son cometidos por suicidas que operan indiscriminadamente en cualquier lugar y contra cualquier persona. Ante esta situación, la respuesta debe ser aplicar más restricciones a la libertad de movimientos y la instalación de más barreras físicas.

Y recientemente se produjo otro intento en el aeropuerto de Orly (París). Gracias a la rápida actuación de los agentes se pudo evitar una nueva tragedia, ya que un atacante islamista intentó robar un arma a una militar para usarla contra quienes se encontraban en la terminal.

Medidas de seguridad

La aplicación de medidas de seguridad no adecuadas o excesivas podría provocar una psicosis de terror. Por ejemplo, la prohibición de usar los equipos electrónicos en algunas compañías que vuelan desde Oriente Medio y África a EEUU y Reino Unido, países a los que, bajo mi punto de vista, no tardarán en unirse otros.

No sólo los medios de comunicación europeos han puesto en duda la medida. Un diario tan influyente como The Washington Post comenta en un interesante artículo titulado Trump gana, escrito por los expertos en la materia Henry Farrell y Abraham Newman, que las razones de las nuevas medidas de seguridad, en lugar de tener esta última como principal objetivo, obedecen más al America first (América primero) que tanto ha pregonado el nuevo presidente estadounidense. En resumen, muchos analistas son escépticos en cuanto a la verdadera razón de la citada medida de seguridad.

El problema es que medidas así afectan a las costumbres de los pasajeros, especialmente a los de negocios que durante los vuelos de larga distancia o las escalas trabajan con sus dispositivos electrónicos. Y aunque así lo parezca, tampoco es un tema menor cómo transportar esos dispositivos para garantizar que no se pierda la mucha e importante información que contienen si nos obligan a facturarlos. Dicen los noticiarios que es una medida temporal, pero también lo eran las restricciones de líquidos, el control del calzado, etc.

Inversiones en seguridad

Con estos comentarios podría parecer que no apoyo las medidas de seguridad como garantía de la libertad. Evidentemente, nada más lejos de la realidad, sobre todo teniendo en cuenta mi vasta experiencia en seguridad aeroportuaria en un organismo como Aena. Lo que intento plasmar aquí va en la línea de lo que se refleja en los puntos tres y cuatro de las conclusiones de la citada reunión de expertos de la UE: 

  • Importancia de encontrar el equilibrio entre los derechos humanos fundamentales, en concreto entre el derecho a la seguridad y la intimidad y la protección de datos. 
  • Los expertos piden una reflexión sobre la eficacia de las medidas físicas de seguridad a los pasajeros. Y se plantea la necesidad de extender el intercambio de información a otros medios de transporte de larga distancia como el tren o las líneas de autobuses.

Mientras seguimos sin conocer los avances del PNR y de colaboración entre países, el incremento de medidas físicas es muy importante. Medidas que da la sensación se hubieran programado antes de que surgieran las nuevas formas de terrorismo que amenazan a la población tanto en aeropuertos como en cualquier sitio. Porque, principalmente, el destino de esas medidas es proteger el avión, no los lugares de acceso público o el control de empleados.

Y dentro de esas medidas, el plan de inversiones que Aena está obligada a cumplir en el capítulo denominado “inversiones relevantes” del Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA), recién aprobado por el Ministerio de Fomento español, contempla inversiones en seguridad por más de 372 millones de euros entre 2017 y 2021.

Muchas de esas inversiones podrían estar destinadas al proyecto Standard 3, según el cual en 2020 deben estar instaladas las nuevas máquinas de inspección de equipaje de bodega para contar con una mejor capacidad de detección. Una iniciativa que supondrá una inversión de 1.500 millones de euros por parte de los aeropuertos europeos. Pero, de momento, Aena ha solicitado una demora para el cumplimiento de la norma por la complejidad y gran coste de su implantación. Y otros países han solicitado que la entrada en vigor del Standard 3 se retrase a 2022.

Tasas aeroportuarias

A todo esto, el diario El País publicaba que Bruselas abría expediente a España por fijar las tasas aeroportuarias. El objetivo de los procedimientos es que se consulte a los usuarios. En este caso a la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), que tan intensamente ha participado en la elaboración del DORA y en conseguir la bajada de tarifas que el documento contempla para los próximos años. Y todo ello en beneficio de los pasajeros, usuarios finales de todos los servicios; incluidos los de seguridad, cuya subida de coste tendría una repercusión al alza en el precio de los billetes.

Finalmente, aunque no quiera entrar en política, me gustaría comentar que está habiendo respuestas descontroladas al salvaje terrorismo. Algunos mandatarios sugieren medidas muy duras para algunos países que, mucho me temo, acabarán trasladándose al transporte aéreo. Un buen ejemplo son las prohibiciones de viajar con equipos electrónicos en determinados vuelos de determinadas aerolíneas de determinados países. Y eso da miedo.* 

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