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OPINIÓN

Salvador Samper, Presidente del Observatorio Español de Delitos Informáticos (OEDI)

La colaboración entre países, esencial

En el Observatorio Español de Delitos Informáticos (OEDI) tenemos claros ciertos aspectos que, a nuestro entender, están generando un cambio de paradigma en el ámbito de la seguridad pública y privada, puesto que toda entidad está expuesta a un riesgo de carácter tecnológico en una sociedad donde tampoco se puede no depender de la propia tecnología.

Esto genera un caldo de cultivo necesario para que la cibercriminalidad aumente año tras año. Existen cuatro pilares que canalizan estos incidentes a nivel mundial:

  • Velocidad de la información. Las nuevas tecnologías han facilitado que la información viaje de manera instantánea.
  • Conexión mundial. En un mundo conectado, los incidentes tecnológicos afectan de manera global.
  • Falta de medidas. La ausencia de medidas y las diferentes jurisdicciones crean vacíos legales. En algunos aspectos, la tecnología va por delante de la legislación.
  • Falta de seguridad. Las medidas de protección se aplican una vez sucedido el incidente.

Vivimos en un mundo hiperconectado y la legislación varía en diferentes puntos del planeta. La falta de medios es la base sobre la que se asienta este repunte de la ciberdelincuencia, que también tiene mucho que ver con un mayor control por parte de los delincuentes de la tecnología. Las propias organizaciones criminales están mutando en grupos mucho más tecnológicos.

España es uno de los tres países más ciberatacados a nivel mundial y, además, en los últimos cinco años se han triplicado las denuncias por ciberdelitos. El empleo de términos como delincuencia informática, cibercriminalidad, delitos informáticos, etc., se ha convertido en una constante en nuestra sociedad actual. El nacimiento y la rápida difusión de las redes informáticas están propiciando que la cibercriminalidad sea uno de los ámbitos delictivos con más rápido crecimiento en España.

Problema global

Es por ello que se necesita medir y contabilizar todos estos parámetros para controlar y tener unos datos precisos. Pero no sólo la medición y el control son necesarios, también lo es la colaboración entre países. Desde hace más de tres años, desde OEDI colaboramos a nivel internacional. Y un punto de referencia para nosotros es la estrecha colaboración que tenemos con Latinoamérica, fruto de la cual han surgido nuevas fórmulas que permiten enfrentar un gran problema que nos afecta a todos por igual.

En 2019, diferentes observatorios de delitos informáticos se están uniendo con el propósito de intercambiar experiencias y colaborar. Desde España, Colombia y Guatemala –en este último país, a través de José R. Leonett– se están generando nuevos think tanks de interés internacional. En el caso de Colombia, el mayor Mike Toro, de la Policía Nacional, nos ofreció la posibilidad de abrir nuevas vías de colaboración que permitan compartir conocimientos en un foro tan importante como lo es el de habla hispana. Y estas colaboraciones y sinergias se extienden más allá de nuestras fronteras hasta llegar al Centro para la Ciberseguridad e Investigación del Cibercrimen (CIC) gracias a su presidente, Kyung-Shick Choi, profesor de la Universidad de Boston.

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