Ciberilatam 004

/ Segundo semestre 2025 72 Opinión A lo largo de este año hemos visto una tendencia global que llama a humanizar la tecnología. Una afirmación poderosa y necesaria, aunque paradójica: la tecnología es, en sí misma, la máxima expresión del ingenio humano. Cada avance digital, cada innovación que transforma nuestra vida cotidiana, es fruto de nuestra capacidad creativa, de imaginar y de construir. Sin embargo, en ocasiones tratamos de desligarnos de nuestras propias creaciones, como si la tecnología fuera una fuerza ajena y no una extensión de nuestra humanidad. Nos fascina su magia: la posibilidad de hablar con alguien al otro lado del mundo en tiempo real, de realizar gestiones bancarias desde un teléfono o de recibir en casa un pedido solicitado con un clic. Esa fascinación, no obstante, nos hace olvidar que detrás de cada código, red o sistema hay una decisión humana, un valor y una intención. En el terreno de la ciberseguridad, donde se libra a diario una batalla silenciosa entre quienes atacan y quienes defienden, esa humanidad se revela con mayor fuerza. La ciberseguridad es un campo profundamente humano, porque se sostiene sobre el compromiso, la ética y la vocación de quienes dedican su vida a proteger lo que otros construyen. Son personas que trabajan con recursos limitados, enfrentando amenazas cada vez más sofisticadas, mientras del otro lado del tablero operan redes criminales con abundantes medios y motivaciones destructivas. La diferencia esencial entre ambos lados no está en la tecnología que emplean, sino en los valores que guían su uso. La industria del cibercrimen también tiene un rostro humano –uno creativo, pero manipulado por la malicia– que se manifiesta en las campañas de ingeniería social o en los ataques que aprovechan la vulnerabilidad emocional de los usuarios. Frente a eso, el profesional de la ciberseguridad representa una fuerza opuesta: la que protege, educa y defiende, impulsado por la convicción de que la seguridad digital es, ante todo, un derecho humano. Y en esa convicción está la clave del futuro. El Foro Económico Mundial estima que hoy existe un déficit de entre 2,8 y 4,8 millones de profesionales en ciberseguridad a escala global, y que solo el 14 por ciento de las organizaciones tiene las capacidades necesarias para enfrentar sus desafíos digitales. El mismo Foro advierte que la diversidad y la inclusión son factores determinantes para cerrar esa brecha: las mujeres, los jóvenes y las minorías siguen subrepresentados en la fuerza laboral digital, lo que no solo limita la innovación, sino que restringe la capacidad colectiva de protegernos. Por su parte, el Banco Mundial destaca que menos del 40 por ciento de los jóvenes en economías de ingreso medio-alto alcanzan competencias digitales básicas, y que las mujeres enfrentan una brecha significativa en el acceso a Internet y a formación tecnológica. Estas cifras nos muestran que la solución no pasa solo por capacitar más personas, sino por educar con propósito, integrando valores, ética y diversidad desde la raíz. Ciberseguridad con rostro humano: inclusión, talento y liderazgo diverso Carolina Taborda Gerente general de Cybersec Cluster La tecnología no tiene moral por sí misma; somos nosotros quienes decidimos qué propósito le damos

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