La ciberseguridad en México ya no puede entenderse como un asunto meramente técnico, ni como una inversión opcional dentro del presupuesto de TI. La protección digital ha pasado a ocupar un lugar central en la continuidad de negocio y en la propia reputación corporativa. Así se puso de manifiesto durante el I Espacio de Influencia en Ciberseguridad, un desayuno organizado por Ciberilatam en Ciudad de México, el 3 de febrero, que llevó por título «Ciberseguridad en México: Del discurso global a la realidad del mercado».
En este contexto, Yolanda Duro y Juanjo Arenas, directora y subdirector del medio, subrayaron que el poder de decisión en las organizaciones ha ido migrando progresivamente hacia los CIO y CISO, reflejando una realidad en la que la tecnología se ha convertido en el eje de la estrategia empresarial.
Tanto es así que, desde el ámbito corporativo, se percibe un mayor interés por integrar la ciberseguridad en cualquier estrategia de negocio. De hecho, los asistentes coincidieron en que actualmente hay más conciencia sobre la importancia de la continuidad de negocio y de conocer los riesgos; y que cada vez más empresas entienden que no hay que ver como un gasto la protección de la infraestructura tecnológica de una organización. «La ciberseguridad no es un gasto, es una inversión para que la continuidad se dé», afirmó Carlos Eng, Key Account Manager de ESET Latinoamérica. Un profesional que también destacó que, aunque México aún debe hacer frente a importantes retos culturales y estructurales, el país se encuentra en una posición más madura que hace dos décadas.
Es más, a su juicio, existe mayor conciencia desde el punto de vista gubernamental y empresarial, más presupuesto y una comprensión creciente de que los riesgos digitales impactan directamente en la operación.
Concienciación
Ahora bien, esa concienciación no puede limitarse a campañas puntuales sobre phishing o buenas prácticas básicas. El reto, según los asistentes a la mesa redonda, es lograr que la ciberseguridad permee en toda la organización y se entienda como parte del ADN del negocio.
En este sentido, se puso el foco en áreas tradicionalmente alejadas del discurso técnico. Recursos humanos, por ejemplo, gestiona grandes volúmenes de información sensible y es un objetivo recurrente de ataques a través de correos falsos, ofertas de empleo fraudulentas o currículos manipulados. «TI suele estar protegido y concientizado, pero ¿realmente recursos humanos sabe lo que está pasando?», se preguntó Raquel Villarreal, asesora de Virmar Ciberseguridad.
La propuesta pasa por adaptar el mensaje al lenguaje y a la realidad de cada área. No se trata de hablar de firewalls o arquitecturas complejas, sino de explicar riesgos reales y consecuencias concretas. Hay que volver a las bases, hablar en términos coloquiales y hacer partícipes a todas las áreas, coincidieron los ponentes.
Sobre todo, porque, tal y como se puso de manifiesto, los ataques más efectivos siguen siendo, en muchos casos, los más sencillos. El phishing, el fraude vía WhatsApp y las llamadas de extorsión continúan teniendo una alta tasa de éxito debido a su bajo coste y a la falta de concienciación generalizada.
Eng advirtió que el correo electrónico sigue siendo «el medio más tangible» y que el phishing «va a seguir creciendo», especialmente en un entorno donde la interacción digital es permanente. Además, puso el foco en el Mundial de Fútbol de 2026, que México organizará junto a Estados Unidos y Canadá, como un multiplicador de superficie de ataque. Según explicó, el sector hospitality y los grandes patrocinadores estarán especialmente expuestos ante campañas de fraude vinculadas a boletos, descuentos falsos y promociones engañosas.

Sofisticación paulatina
Sin embargo, esto tiene visos de cambiar. Según los asistentes, el futuro inmediato vendrá marcado por la sofisticación del cibercrimen, que ya se posiciona como la tercera economía mundial, impulsado por el auge de la inteligencia artificial. Villarreal, de Virmar Ciberseguridad, explicó que la IA no solo está inventando ataques nuevos; también «está potenciando los de siempre», permitiendo, por ejemplo, «falsificar facturas con un realismo tal que engañan incluso a las aseguradoras».
Ante este panorama, los ponentes coincidieron en que la banca mexicana es el sector más maduro gracias a las regulaciones globales, pero el sector gubernamental sigue siendo el eslabón más débil y atacado por motivos políticos.
Los entornos industriales
Otro sector donde se está dejando sentir especialmente la importancia de poner en marcha una política adecuada de protección de los activos digitales es el entorno industrial, uno de los ámbitos donde las consecuencias de un ciberataque pueden ser más graves.
En este punto, Angélica León, Head of Customer Success de Roue, explicó que uno de los principales problemas en Latinoamérica, en general, y en México, en particular, es la presencia masiva de sistemas legacy que no fueron diseñados con criterios de seguridad desde su origen. «Los equipos tienen tantos años que ya se les llama legacy, porque no tienen ese diseño de seguridad», señaló, advirtiendo que esta situación incrementa de forma significativa la superficie de ataque. A ello se suma la falta de segmentación entre redes IT y OT, ya que, como recordó, «gran parte de los ataques que afectan a la industria vienen de IT».
Claro que el riesgo no se limita al interior de la planta. La cadena de suministro también fue identificada como un punto crítico, especialmente en sectores como manufactura, energía o alimentos y bebidas. Las grandes compañías están comenzando a exigir a sus proveedores estándares mínimos de seguridad para evitar que una brecha en un tercero termine paralizando la producción global. En este contexto, la continuidad operativa adquiere un peso determinante. Y es que un paro en una planta puede traducirse en pérdidas millonarias por minuto, compromisos contractuales incumplidos y daños reputacionales difíciles de revertir.
Óscar Bouquet, director de Ciberseguridad de Sonda México, introdujo además una reflexión crítica sobre la inversión en infraestructura. A su juicio, muchas organizaciones centran sus esfuerzos en soluciones perimetrales o en herramientas visibles, pero descuidan el núcleo tecnológico. «Muy pocas compañías hacen una inversión real en infraestructura. Es el cerebro y el corazón de cualquier compañía», afirmó, aludiendo a la presencia de servidores obsoletos y arquitecturas anticuadas que generan una falsa sensación de seguridad.
El factor humano y la ciberseguridad en México
Más allá de la infraestructura, el debate se centró a continuación en un amplio espacio denominado «factor humano» o «capa 8». Israel Morales, Director of Channels Latam de Kymatio, insistió en que la tecnología por sí sola no puede mitigar todos los riesgos. «Siempre los ataques son provocados por alguien que ha estado adentro, enojado y molesto», afirmó. Además, subrayó la importancia de analizar variables como el burnout, el estrés o el descontento laboral. Según explicó, el perfilamiento del usuario y la comprensión del estado emocional pueden ayudar a anticipar comportamientos de riesgo dentro de la organización.
En la misma línea, Villarreal, de Virmar Ciberseguridad, recordó que «la última barrera frente a un ataque sigue siendo el ser humano». Asimismo, defendió la necesidad de adaptar la concienciación a cada perfil dentro de la empresa, desde la alta dirección hasta recursos humanos u operaciones.
De hecho, varios participantes coincidieron en que la conversación sobre ciberseguridad en cualquier empresa no puede limitarse al departamento de TI. «Es imprescindible involucrar a áreas tradicionalmente alejadas del discurso técnico, ya que son también objetivos habituales de campañas de ingeniería social», afirmó Valeria Moreno, Head of Strategy & Growth de Roue.
El miedo a reconocer un incidente fue otro de los aspectos abordados. En el contexto mexicano, se señaló que todavía existe una cultura de ocultamiento derivada del temor a represalias internas. Reconocer un ciberataque puede percibirse como un fallo personal o profesional, lo que retrasa la respuesta y agrava el impacto. Frente a ello, los asistentes a la mesa redonda defendieron la necesidad de protocolos claros, simulacros periódicos y una cultura de transparencia que permita gestionar las crisis con mayor agilidad.

Resiliencia y confianza
Pese al diagnóstico exigente de la situación, el tono general de la mesa redonda organizada por Ciberilatam fue moderadamente optimista. Moreno, de Roue, defendió un enfoque basado en la resiliencia más que en la prevención absoluta. «Difícilmente vamos a poder evitar que nos ciberataquen; el diferenciador va a ser la velocidad de respuesta», explicó. También destacó el papel creciente de los SOC gestionados y de los modelos de acompañamiento continuo como tendencia en el mercado mexicano. La clave, coincidieron los participantes, no es prometer inmunidad, sino garantizar capacidad de reacción y recuperación.
En este sentido, Bouquet, de Sonda México, defendió que, para los fabricantes, el valor diferencial hoy en día está en el «traje a la medida» y los servicios gestionados, más allá de la simple venta de hardware. «La competencia ya no es tú contra mí; es saber en qué te puedo apoyar», comentó, resaltando la necesidad de crear una red de confianza entre fabricantes, partners y clientes.
Ciberseguridad en México: Un futuro retador
Para concluir, los participantes anticiparon un escenario de grandes retos de cara al futuro. La inteligencia artificial, la creciente regulación (con Europa como referencia) y el contexto geopolítico global están redefiniendo el panorama de la ciberseguridad. México, además, deberá afrontar eventos de alto impacto como el Mundial de Fútbol, que incrementarán exponencialmente la superficie de ataque.
En este contexto, la colaboración entre industria, gobierno y medios especializados se percibe como un elemento clave para avanzar. Informar con rigor, compartir experiencias y aprender de los incidentes reales se presenta como una de las vías más efectivas para acelerar la madurez del ecosistema.
En definitiva, la mesa redonda dejó claro que México atraviesa un momento decisivo en materia de ciberseguridad. La inversión crece, la conciencia mejora y la regulación comienza a tomar forma; pero persisten desafíos culturales, tecnológicos y organizacionales que exigen un esfuerzo coordinado entre sector público, industria y ecosistema tecnológico. La ciberseguridad, concluyeron, no es solamente un tema de tecnología. Es una cuestión de negocio, de confianza y de responsabilidad compartida.
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