Carlos Antúnez AsesorMinisterio de Seguridad Pública de la República de Panamá

"En Panamá, la protección de infraestructuras críticas y la ciberdefensa no pueden seguir siendo asuntos dispersos"

Carlos Antúnez_Panamá

Panamá vive un momento decisivo, ya que su rol como ‘hub’ logístico, financiero, marítimo y digital lo convierte en un país altamente interconectado, pero también vulnerable ante una creciente ola de amenazas físicas y cibernéticas. Los ataques digitales a instituciones públicas, las interrupciones de servicios esenciales y la sofisticación de grupos criminales transnacionales han dejado claro que el país requiere un marco jurídico robusto que proteja sus activos más importantes.

¿Por qué es prioritaria una ley de infraestructuras críticas y ciberdefensa en Panamá?

Panamá enfrenta un aumento sostenido de ciberataques que pueden afectar a puertos, banca, energía, logística, fronteras y comunicaciones; todos ellos pilares esenciales para la estabilidad nacional y económica. Una ley de ciberdefensa y una estrategia nacional permitirían definir competencias claras, fortalecer capacidades técnicas, coordinar a las instituciones, proteger infraestructuras críticas y asegurar la continuidad de los servicios esenciales. Sin este marco, el país permanece vulnerable, con respuestas fragmentadas y sin un sustento jurídico para actuar frente a amenazas avanzadas o ataques dirigidos de carácter estratégico.

En un país que depende del flujo seguro y continuo de información, mercancías, dinero y energía, la falta de un marco jurídico claro ya no es un lujo; es un riesgo estratégico.

¿Cuáles son las principales fallas del marco normativo actual?

Primero, no existe una definición legal de infraestructura crítica ni de servicios esenciales. Esto dificulta priorizar sectores y recursos y limita la planificación estatal.

Segundo, las normas vigentes están dispersas en decretos, lineamientos administrativos o marcos sectoriales que no poseen fuerza legal suficiente ni mecanismos de cumplimiento obligatorios. La consecuencia es que cada institución implementa políticas según sus propias capacidades o criterios.

Y tercero, la legislación existente no contempla un sistema nacional de protección de infraestructuras críticas con gobernanza, coordinación obligatoria, intercambio seguro de información ni protocolos estandarizados, como ocurre en otros países.

En síntesis, Panamá ha avanzado en capacidades técnicas, pero carece del andamiaje legal que permita integrarlas en una estrategia de Estado.

¿Cómo amenaza la falta de una ley la continuidad del país y la inversión extranjera?

La continuidad operativa es un elemento central en la confianza de inversionistas, socios comerciales y organismos internacionales. Cuando un país no demuestra tener controles sólidos para prevenir interrupciones, la percepción de riesgo aumenta y, con ello, los costos.

La ausencia de una ley integral genera mayor probabilidad de interrupciones en servicios esenciales como energía, agua, telecomunicaciones o transporte; riesgo reputacional, especialmente en sectores financieros y logísticos, que dependen de estándares internacionales de resiliencia; y una limitada capacidad para gestionar ataques cibernéticos, un aspecto que inversionistas y aliados estratégicos consideran crítico.

En un entorno donde los ciberataques se han vuelto más frecuentes, desconocer estos riesgos no solo afecta a la seguridad nacional; afecta también a la competitividad.

¿Qué papel juega la ciberdefensa versus la ciberseguridad dentro de una futura legislación?

La ciberdefensa es un componente esencial, pero distinto de la ciberseguridad. Mientras la ciberseguridad se enfoca en la protección de sistemas e información, la ciberdefensa se orienta a amenazas avanzadas que pueden comprometer la estabilidad del Estado y que requieren coordinación con fuerzas de seguridad nacional.

Una ley moderna debe definir el rol del Estado en la defensa del ciberespacio, establecer mecanismos de cooperación entre instituciones civiles, fuerzas públicas y el sector privado y crear protocolos para responder a incidentes que superen el ámbito técnico y entren en el nivel estratégico.

Panamá, como país que administra una vía interoceánica y un sistema financiero global, no puede dejar la ciberdefensa a interpretaciones improvisadas.

¿Qué beneficios concretos traería una ley de protección de infraestructuras críticas en Panamá?

Una legislación integral aportaría beneficios tangibles, como la clasificación clara de sectores y activos críticos, permitiendo focalizar recursos, esfuerzos y obligaciones mínimas de seguridad para operadores públicos y privados. Entre ellos se incluirían gestión de riesgos, redundancias, continuidad, resiliencia y mecanismos obligatorios de notificación de incidentes, garantizando respuestas tempranas.

Adicionalmente, esta iniciativa mejoraría el acceso a asistencia internacional al alinearse con estándares europeos, latinoamericanos y norteamericanos, abonando el fortalecimiento de la confianza internacional, clave para la inversión y las alianzas estratégicas del país.

En pocas palabras, una ley permitiría que la seguridad de los servicios esenciales no dependa de la buena voluntad de una institución o empresa, sino de una política de Estado.

Panamá no necesita copiar modelos internacionales, pero sí inspirarse en prácticas exitosas para construir una ley funcional, adaptable y contextualizada a nuestra realidad.

El país enfrenta riesgos que evolucionan más rápido que su legislación, y la protección de infraestructuras críticas y la ciberdefensa no pueden seguir siendo asuntos dispersos o voluntarios. Requieren un marco jurídico moderno que permita prevenir incidentes, coordinar respuestas y garantizar la continuidad de los servicios esenciales.

Una ley de esta naturaleza no es solo una herramienta de seguridad; es una inversión en estabilidad, competitividad y confianza internacional. El país tiene el talento, la experiencia y las instituciones. Lo que falta ahora es voluntad para consolidarlo en un marco legal que responda a los desafíos del siglo XXI.