Desde su punto de vista, ¿en qué estado de situación diría que se encuentra la ciberseguridad tanto de Latinoamérica como de República Dominicana?
En Latinoamérica, al igual que en todo el mundo, no estamos exentos de las diferentes amenazas a raíz del desarrollo y la transformación digital. El entendimiento de cómo esto puede afectar a la vida, la salud, la seguridad y la continuidad de los países ha hecho entender a las altas autoridades la necesidad de establecer políticas públicas alineadas con la protección del ciberespacio.
Específicamente, en República Dominicana hemos dado un paso firme en ese sentido. Hoy en día, la ciberseguridad se considera un componente esencial para la seguridad nacional precisamente por haber entendido el impacto sistémico que pueden tener los incidentes en la calidad de vida, el funcionamiento del Estado, la salud, la seguridad y, sobre todo, la protección de la soberanía y la defensa nacional.
Definitivamente, como región, estamos en un momento clave donde todos hemos desarrollado un entendimiento común y hemos entendido la necesidad de establecer marcos homólogos que se hablen entre sí para poder colaborar no solamente a través del intercambio de información, inteligencia de amenaza y componentes técnicos, sino también de lecciones aprendidas y experiencias que nos ayuden a ser más preventivos que reactivos.
¿Cuáles son las ciberamenazas que más sufre Latinoamérica?
En Latinoamérica estamos enfrentando las mismas amenazas que en los últimos 10 años. Entre ellas, ataques de ingeniería social y de disrupción de sistemas de información que afectan a la disponibilidad y a la gran cantidad de datos que hoy en día se generan gracias a esa transformación digital. Lo que sí ha cambiado es la potencialización de ejecución de esas amenazas por parte de los actores de amenaza. Las nuevas tecnologías han ayudado a que puedan ejecutar esto con una mayor velocidad y precisión.
Además, la transformación digital ha ido a un ritmo mucho más acelerado que el que hemos podido generar para concienciar a los ciudadanos. Existe todavía un gap importante entre el conocimiento de los riesgos de las personas comunes que utilizan la tecnología para el vivir diario y cuáles son esas medidas preventivas que deben tomar en el ciberespacio.
Hoy en día, las mismas amenazas nos afectan a todos. Sin embargo, se amplía cada vez más esa brecha de conocimiento y de conciencia del ciudadano sobre cuáles son esos riesgos que se encuentran en el mundo digital.
Respecto al propio ciudadano, ¿cuál es el nivel de concienciación que tiene la sociedad latinoamericana en general en materia de ciberseguridad?
Actualmente, los esfuerzos han ido enfocados precisamente en educar al ciudadano, en hacerlo consciente de que los riesgos en el ciberespacio existen, en cómo identificarlos, prevenirlos y protegerse de ellos.
Al igual que en gran parte de la región y de todo el mundo, hay esfuerzos importantes no solamente en la creación de capacidades y de conocimientos técnicos, sino también de esas medidas de concienciación y educación para todos los niveles de la sociedad: niños, padres, adolescentes, tutores, adultos mayores, tomadores de decisiones, colaboradores y todas las líneas jerárquicas de las organizaciones.
No solamente en Latinoamérica, sino en el mundo entero, estamos viendo una falta de talento en ciberseguridad. ¿Cómo cree que podemos mejorar este problema?
En las estrategias nacionales de ciberseguridad que se están desarrollando en los países de Latinoamérica hay un componente muy importante: la creación de capacidades técnicas, expertise, programas de pasantías, programas de laboratorios e incubadoras de conocimiento.
Desde hace varios años mencionamos que hacen falta más de 3,5 millones de profesionales en ciberseguridad, pero hoy nos hemos topado con esa pared que nos hace repensar en ciberseguridad, sí, pero ¿en qué áreas? Necesitamos profesionales que aprendan no solo de hacking ético, sino de gestión de riesgo, que desarrollen capacidades, habilidades blandas, pensamiento crítico, capacidad analítica y ese sentido común que nos lleva a poder armar todo un ecosistema de profesionales preparados que nos ayude a enfrentar las nuevas amenazas.
¿Qué debería mejorarse en la legislación de ciberseguridad en Latinoamérica?
Hacen falta leyes. Los marcos regulatorios son los instrumentos habilitadores para que las agencias, los centros nacionales de ciberseguridad, los equipos de respuesta de incidentes y los Estados podamos tomar acción no solamente de forma proactiva y preventiva, sino también reactiva.
Para fortalecer todo un ecosistema de ciberseguridad necesitamos reglas claras, sobre todo marcos de gobernanza que establezcan responsabilidades, alcance, quién hace qué, cómo lo hace, con quién habla, cuándo lo habla, cómo se establecen y cómo se articulan esas líneas de acción y esas estrategias en materia de ciberseguridad.
La base de todo esto son los marcos normativos, mucho más que la parte técnica, porque establecen cómo, cuándo y con quién ejecutamos las acciones.





