La violencia en Haití ha alcanzado nuevos niveles de brutalidad, según un informe publicado por la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Las bandas armadas, que expanden su control en regiones estratégicas, están provocando una grave crisis humanitaria y de seguridad que amenaza con desestabilizar toda la región caribeña.
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Control territorial y crímenes sistemáticos
Los organismos de la ONU alertan de la intención de estas bandas de asentarse en localidades situadas a lo largo de carreteras clave que conectan Puerto Príncipe con el norte del país y con la frontera con la República Dominicana. Esta expansión responde a una estrategia para dominar rutas de tráfico de armas y personas, lo que agrava la violencia en Haití y pone en riesgo la estabilidad regional.
Entre octubre de 2024 y junio de 2025, al menos 1.018 personas han sido asesinadas, 213 resultaron heridas y 620 fueron secuestradas en los departamentos de Artibonito y Centro, así como en localidades cercanas a la capital. Además, se registraron más de 21 casos de violencia sexual contra mujeres y niñas en contextos de extrema brutalidad como la masacre de Pont Sondé, donde al menos 100 personas perdieron la vida en pocas horas.
Desplazamientos forzosos y crisis humanitaria
El informe destaca también un preocupante aumento del desplazamiento interno. Solamente en el departamento de Artibonito hay más de 92.000 desplazados, mientras que en el Centro la cifra supera los 147.000. En total, más de 1,3 millones de haitianos han sido desplazados dentro del país, de los cuales la mitad son niños.
La violencia en Haití ha provocado la destrucción de bienes públicos y privados, extorsión sistemática en las carreteras y una restricción severa del acceso a servicios básicos. La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) denuncia que, pese a que casi seis millones de haitianos necesitan ayuda urgente, el Plan de Respuesta Humanitaria 2025 es el menos financiado del mundo.
Respuesta limitada de las autoridades
Las fuerzas de seguridad haitianas, con ayuda de la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad, han intentado contener la situación mediante el despliegue de unidades especializadas. Sin embargo, estas medidas sólo han conseguido frenar parcialmente la expansión de las bandas.
También han surgido grupos de autodefensa locales, aunque su actuación ha generado nuevas preocupaciones por posibles abusos y ejecuciones extrajudiciales. Tanto las fuerzas estatales como estos grupos han sido señalados por cometer violaciones de derechos humanos en sus intentos de contener la violencia en Haití.
Indiferencia global ante la violencia en Haití
La ONU pide un mayor respaldo internacional para las autoridades haitianas y las organizaciones humanitarias que operan en el terreno. Entre las medidas propuestas, se insiste en la necesidad de aplicar sanciones más estrictas que impidan la entrada de armas al país, uno de los principales factores que alimentan la violencia en Haití.
En este sentido, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha calificado la actitud de la comunidad internacional frente al colapso institucional y social de Haití como una muestra de “abandono e indiferencia”. En un contexto marcado por asesinatos, desplazamientos masivos y un sistema al borde del colapso, Lula ha instado a los líderes mundiales a prestar mayor atención a una crisis que, de no abordarse con urgencia, podría tener consecuencias devastadoras. En opinión del mandatario, una mayor implicación internacional resulta imprescindible para frenar la violencia en Haití y ofrecer una esperanza de futuro a su población.

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