¿Qué le llevó a especializarse en el ámbito de la seguridad? ¿Cómo fueron sus inicios en el sector?
Toda mi carrera profesional se ha desarrollado en la banca, un ámbito que no sólo se enfrenta a riesgos financieros como el crédito o el mercado, sino también a riesgos operativos masivos. En este contexto, la certificación CPP (Profesional Certificado en Protección) es muy útil para gestionar la seguridad desde una perspectiva de gestión corporativa.
Por ejemplo, en lo que respecta a la protección de infraestructuras críticas, los bancos gestionan centros de datos y sedes corporativas que resultan vitales para la economía. Asimismo, la certificación capacita para liderar la gestión de crisis y la respuesta ante desastres, amenazas terroristas o fallos sistémicos. A ello se suma la importancia del cumplimiento normativo, ya que el sector bancario es uno de los más regulados del mundo y las instituciones deben cumplir con estrictos estándares internacionales de seguridad para poder operar.
En este sentido, ASIS International se ha consolidado como un referente mundial, por lo que contar con la certificación CPP acredita el conocimiento de las mejores prácticas globales y constituye un sello de confianza ante auditores y reguladores. Finalmente, la certificación también profundiza en ámbitos como la prevención de pérdidas, abordando aspectos relacionados con las investigaciones y la seguridad física, herramientas clave para mitigar fraudes internos y externos.
¿Cómo ha evolucionado el papel de la mujer en el sector de la seguridad en Ecuador, en particular, y en Latinoamérica, en general?
La evolución del papel de la mujer en la seguridad, tanto en Ecuador como en Latinoamérica, ha pasado de una participación periférica y administrativa a una presencia estratégica y de liderazgo. Este cambio no sólo responde a una búsqueda de equidad, sino a la comprobación de que el enfoque femenino mejora la gestión de riesgos y la resolución de conflictos.
En un entorno empresarial cada vez más complejo, ¿qué competencias considera esenciales para liderar proyectos de seguridad, compliance o prevención del fraude?
Para liderar proyectos en estas áreas dentro de un entorno tan dinámico como el de 2026, la competencia técnica ya no es suficiente; se requiere una mentalidad estratégica y adaptativa. En ese sentido, la certificación CPP es determinante. En mi caso, además, cuento con la certificación CAMS (Especialista Certificado en Antilavado de Dinero) otorgada por ACAMS, una acreditación reconocida a nivel mundial.
En relación a su pregunta, considero que las competencias esenciales son el pensamiento estratégico y la visión de negocio, el liderazgo ético y el compliance, la inteligencia emocional y la gestión de crisis, y la competencia tecnológica e investigativa.
Como directiva, ¿qué desafíos y oportunidades ha encontrado al impulsar equipos diversos e inclusivos vinculados a la seguridad y la gestión del riesgo?
Liderar equipos de seguridad y gestión del riesgo desde una posición directiva en 2026 implica romper con el molde tradicional de comando y control para dar paso a una estructura más resiliente y cognitiva. Entre los desafíos que he encontrado, los más importantes son romper los sesgos; evitar la resistencia al cambio; conseguir conciliación; trabajar en equipo y entornos 24/7; empoderar la diversidad; mejorar la resolución de conflictos; innovar en prevención del fraude; y atraer talento joven.
“El mayor riesgo para una mujer en seguridad es no reconocer el inmenso valor de su propia perspectiva estratégica. La seguridad del futuro será diversa o no será”
¿Qué avances reales se han consolidado en el acceso de las mujeres a posiciones estratégicas dentro del sector?
A nivel global y regional, el acceso de las mujeres a posiciones estratégicas en seguridad ha dejado de ser un esfuerzo aislado para consolidarse como una tendencia estructural. Para 2026, los avances se agrupan en tres pilares: institucionalización legal, liderazgo técnico en ciberseguridad y reconocimiento de méritos mediante redes globales.
¿Qué áreas o especialidades dentro de la seguridad corporativa y el compliance cree que ofrecerán mayores oportunidades de crecimiento profesional para las mujeres en los próximos años?
Para liderar proyectos de seguridad, compliance o prevención del fraude en el entorno actual, las competencias han evolucionado desde la vigilancia tradicional hacia una gestión estratégica e inteligente del riesgo. Entre otras, las especialidades que serán muy demandadas son: gobernanza de inteligencia artificial; resiliencia estratégica; ciberseguridad y protección de datos; gestión de criterios ESG (sostenibilidad del compliance, riesgos climáticos, derechos humanos); cumplimiento laboral e igualdad; investigaciones y prevención de lavado de activos.
Con motivo del Día Internacional de la Mujer, ¿qué consejos desea transmitir a las mujeres que quieren desarrollarse en puestos directivos en el ámbito de la seguridad?
Para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, el mensaje para aquellas que aspiran a la alta dirección en seguridad debe ser de empoderamiento técnico y visión estratégica. La seguridad ya no se define por la fuerza, sino por la resiliencia y la inteligencia corporativa.
En este contexto, es importante hacer de la tecnología una aliada estratégica, ya que el futuro de la dirección en seguridad está en los datos y la tecnología. Es fundamental especializarse en nuevas fronteras y no temer liderar la gobernanza de la inteligencia artificial o la ciberseguridad, ya que son áreas con una gran proyección de crecimiento para las mujeres en los próximos años. Del mismo modo, la capacidad de decidir con datos y de traducir métricas complejas en decisiones de negocio resulta clave para llegar a la mesa de la junta directiva.
También es importante certificar la experiencia a nivel global. En un sector altamente competitivo, las credenciales internacionales eliminan sesgos y validan la autoridad profesional. En este sentido, certificaciones como el CPP de ASIS constituyen un gold standard, ya que no sólo demuestran conocimiento técnico, sino que elevan el perfil hacia la gestión estratégica y el liderazgo ético. Asimismo, la formación continua permite mantenerse a la vanguardia en materia de normativas de cumplimiento y gestión de riesgos.
Otro aspecto fundamental es construir y activar redes de mentoría, ya que nadie llega a la cima en solitario y el crecimiento en seguridad es un esfuerzo colectivo. Conectar con otras lideresas y participar activamente en comunidades como Women in Security (WIS) permite intercambiar mejores prácticas y dar visibilidad al trabajo profesional en foros regionales. Igualmente, ejercer como mentora y ayudar a otras mujeres a avanzar fortalece la cultura de inclusión y favorece una sucesión diversa en los puestos de toma de decisiones.
Finalmente, es clave liderar con un enfoque humano y resiliente. La capacidad para gestionar crisis y fomentar la resiliencia operativa constituye un activo muy valioso. En este sentido, la empatía puede utilizarse como una herramienta para la mediación y el pensamiento holístico, contribuyendo a resolver conflictos y gestionar crisis con un menor impacto reputacional. Además, integrar la sostenibilidad y avanzar hacia un compliance que incluya criterios éticos, sociales y de derechos humanos permite posicionarse como una directiva con una visión integral.






